Mutisia con el lago de fondo

La leyenda de la Mutisia, la flor provincial de Neuquén

La hermosa flor de la Mutisia guarda una atrapante leyenda indígena de amor y muerte. Dos tribus enemigas, una pareja que intenta darse a la fuga y un destino fatal que los encuentra. Descubrí en este artículo de Patagonia Andina la historia ancestral detrás de la flor que se convirtió en el símbolo de la provincia de Neuquén.

Conjuntos de mutisias.

La Mutisia, simbolo de Neuquén

La Mutisia es la flor provincial de la provincia de Neuquén. Su hermosa imagen anaranjada es un icono empleado como logo representativo de las instituciones provinciales. Esta flor es también conocida como “clavel del campo”, “mutisia virreina” y, para el pueblo mapuche, como “Quiñilhue”. Esta especie es una enredadera muy ramificada que trepa sobre arbustos y árboles bajos. Crece encima de especies autóctonas como el Radal y el Maitén, entre otras.

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La Mutisia forma parte de la cultura y de la historia de la provincia de Neuquén. Esta bella flor ya era parte de la vida social y cultural de las comunidades que habitaron el territorio neuquino y, por esta razón, guarda un atrapante leyenda que es parte central de la cultura autóctona local.

La leyenda de la Mutisia: tribus y un amor imposible

Según la leyenda, hace muchos años atrás, en la zona del volcán Lanín, había dos tribus enemigas cuyas relaciones eran irreconciliables. A menudo formaban parte de fuertes enfrentamientos, y el rencor entre ambas parecía no tener fin.

Volcán Lanin en Neuquén.

Las trifulcas continuaron sucediendo, pero una trama paralela se estaba desarrollando por fuera del marco de las peleas. Pero, en este caso, nada tenían que ver con lo bélico. El joven hijo del cacique de una de las tribus y la hija del cacique de la otra se enamoraron perdidamente, pero a causa de la animosidad que existía entre sus semejantes no podían verse a menudo.

La tragedia

Una oscura noche, la machi (hechicera) de una de las tribus, vigilaba en el rehue (el altar) durante el nguillatún, una antigua ceremonia religiosa mapuche. Algo sucede que altera los nervios de la hechicera: el graznido de un chimango rompe el silencio de la noche y hace estremecer a la machi. Ella sabe que es un grito de mal presagio. La mujer mira a su alrededor y escucha un ruido, investiga y ve a la hija del cacique, escapando sigilosamente con el hijo del cacique enemigo. He aquí el peligroso suceso anunciado por el pájaro agorero.

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La machi cree que esta acción merece ser castigada, pero antes de comunicar al padre la fuga de su hija, consulta con el pillán o deidad de su devoción: este le contesta que sí, que debe dar aviso de la fuga.  La machi corre entonces al toldo del cacique y le relata lo que vio. Enseguida se escuchó, por segunda vez, el alarmante grito del chimango. Más sucesos horribles estaban por suceder.

Muerte y renacimiento

En ese contexto, los hechos tomaron caminos trágicos. Muy enojado, el cacique de la mujer que escapó, ordena inmediatamente ir tras ellos y que sean capturados. Tras una ardua persecución ambos son apresados juntos y, ante la presencia de toda la tribu, son juzgados y condenados a muerte.

El no participar del odio que tienen al enemigo era para ellos un grave delito. Decretada la sentencia, una vez más el grito afligido del chimango quiso interrumpir los acontecimiento pero, esta vez, nadie lo escuchó. Ambos jóvenes fueron atados juntos, a un poste y, con lanzas y machetes, todos los integrantes de la comunidad se lanzaron contra ellos dándoles la más cruel de las muertes.

Mutisia en el agua.

A la mañana siguiente, los ejecutores de este bárbaro crimen quedaron asombrados al ver que en el lugar del hecho, y exactamente donde habían perecido los jóvenes enamorados, habían nacido unas hermosas  flores de pétalos anaranjados nunca vistas hasta entonces: “¡Quiñilhue!” gritaron los primeros que las vieron. Y, con ese nombre, se conoce desde entonces a la flor que produce una enredadera que se abraza y trepa por los árboles, tal y como se abrazaba la pareja de enamorados.

Arrepentimiento

Avergonzados y arrepentidos por su accionar, la comunidad empezó a venerar esa flor, llamada Mutisia, posteriormente, por los blancos. Las almas de los jóvenes, amparadas por el Futa Chao en el país del cielo se amarán por siempre, mientras esa delicada flor de pétalos naranjas recuerda su unión, interrumpida por hombres injustos.

2 Comments

  1. Bella historia, aunq muy triste!

    1. Si, una historia trágica pero que dejó su enseñanza. Gracias por comentar